sábado, 1 de septiembre de 2007

ENSAYO SOBRE LA RELACION ESTADO-MOVIMIENTO OBRERO EN ARGENTINA DE 1930 A 1962

El periodo de la restauración conservadora que recorre los años 1930 hasta 1943, fue caracterizado por Hugo del Campo en lo relacionado a la cuestión social como oligarquico-intervencionista. Si bien este periodo reedita ciertos rasgos conservadores, y no se acerca en el tratamiento de lo social a la etapa de Yrigoyen, de tono populista, el estado manifiesto un especial interés en lo relacionado con los movimientos sindicales y obreros, apelando a la intervención del estado en estas cuestiones.
Hacia 1930 el movimiento obrero se encontraba dividido en dos facciones, los grupos sindicalistas agrupados en la U.S.A y los grupos socialistas concentrados en la C.O.A. En 1930 estos dos grupos se unifican conformando la Confederación General del Trabado (CGT).
La relación movimiento obrero- estado pareció encaminarse hacia la institucionalización del conflicto social, el estado expandía sus funciones en diversas áreas y el sindicalismo representaba una de ellas así como en lo económico también se giro hacia una política intervencionista que por esos años era la línea de pensamiento seguida en gran parte del mundo. Si bien desde el estado se intentaba solucionar los conflictos que enfrentaban a los obreros representados por la CGT con la facción patronal, mediante instancias de arbitraje, el uso de la represión no fue dejado de lado, por ejemplo la huelgo del 36 convocada por los comunistas fue reprimida fuertemente.
El gobierno de Justo y de Ortiz representaron mas fielmente al estado intervencionista en la cuestión sindical, ya que con Uriburu el tono represor había sido mucho mas fuerte.
El estado no ignoro ni los reclamos, ni la importancia de los movimientos obreros, se intento por ejemplo desde el Departamento Nacional del Trabajo, la practica del convenio colectivo y del arbitraje estatal, y esto se vio reflejado en la cantidad de huelgas resueltas por algún tipo de mediación. Al mismo tiempo para los dirigentes sindicales era importante hacer del estado su interlocutor principal.
Durante este periodo el movimiento obrero tiende a dejar de lado su etapa mas extremista, principalmente por perdida de fuerza . El sindicalismo comenzó a mirar al estado en busca de protección, mediante el arbitraje estatal en los conflictos laborales.
Si bien este periodo marca la aparición del estado interviniendo fuertemente en los conflictos sociales, no debe visualizarse como una etapa de grandes logros para el movimiento obrero, ni siquiera se acerca a la etapa peronista, ni al carecter populista de Yrigoyen.
En general la resolución de los conflictos, y el arbitraje del estado se inclinaba hacia la facción patronal, rara vez las leyes que protegían al trabajador eran cumplidas.
No hay que olvidar que el periodo 1930-1943 es el de la restauración conservadora, no podía esperarse de ella una postura a totalmente a favor del movimiento obrero.
Como he mencionado nada tenia que ver con la política populista volcada hacia los trabajadores encarnada por Yrigoyen anteriormente.
Si bien se intento mediar en los conflictos sociales a través de la intervención y el arbitraje estatal, aun, en comparación con el periodo peronista muy poco o nada habían obtenido en mejoras reales los trabajadores, y la intervención del estado en la cuestión sindical, era pequeña en comparación con la siguiente etapa peronista, donde se reforzó llevada al extremo, y las agrupaciones sindicales fueron poco a poco aunque sin perder todo su poder interno, incorporadas de hecho al estado, como estrategia de Perón para mantener controlados en cierta forma a los sindicatos.
El periodo de la restauración conservadora podría decirse que contiene uno de los elementos que tomara el estado peronista, el intervencionismo en la cuestión sindical, aunque lo practica de forma menos extrema que el peronismo, y carece en gran medida del tinte populista, (lo que completa la sintesis que conlleva el peronismo, junto con el intervencionismo ),en favor de los movimientos obreros que incorporara Perón, a favor de la armonía de clases, que también había intentado ya Yrigoyen, aquel equilibrio entre capital y trabajo que también profeso Perón. Pero sin duda la etapa de la restauración, favorecería al capital, recordemos que encarnaba también una restauración oligárquica, de modo que no podía esperarse otra forma de proceder.
El periodo peronista, (1945-1955) requiere comprender como se conforma ese pacto de características tal firmes entre Perón y el movimiento obrero.
Las interpretaciones acerca de los origen de este fenómeno, lo plantean por un lado, como resultado de la aparición de nuevos migrantes provenientes del interior del país generalmente de áreas rurales, que se instalaban en las zonas industriales de Buenos Aires en busca de oportunidades de trabajo, que la economía de la década del treinta por sus transformaciones, ofrecía, pasando así a agrandar las filas del proletariado industrial de Buenos Aires. Esa población rural que llegaba, eran masas sin lideres políticos, sin organización propia y sin valores consolidados. Al poseer estas características pudieron ser manipuladas a su gesto por el Estado al no contar con experiencias previas políticas y sindicales. La otra concepción considera que el apoyo al peronismo provino de un movimiento obrero unificado, consciente de su posición de clase obrera marginada de la redistribución de los ingresos. Es decir la primera concepción se basa en la manipulación de los nuevos obreros en ¨disponibilidad¨, mientras que la otra encarna una autonomía relativa del movimiento obrero para con su líder Perón. Sin embargo podríamos plantear una síntesis entre ambas concepciones, creo que plantear la masa de nuevos trabajadores como ¨¨ masa en disponibilidad¨ seria subestimar al nuevo movimiento obrero que iba naciendo, con la llegada de los migrantes provenientes de áreas rurales a Buenos Aires, y plantear por otro la lado que el movimiento obrero se encontraba firmemente unificado, y que sabiendo lo que quería y como podía lograrlo presto su apoyo a la propuesta de Perón que representaba la oportunidad que el movimiento obrero estaba esperando, seria otorgarle un nivel de conciencia de clase unificada totalmente, que el movimiento obrero no poseía, por lo menos de una forma tan contundente como la planteada. Creo que el movimiento obrero poseía cierta unidad, como lo demuestra la concentración del l7 de Octubre a favor de Perón, que no hubiera sido posible sin una mínima organización y unidad dentro del movimiento obrero que se nutria con la población del interior, pero a la vez esa mediana unidad se fue acrecentando a través de ciertos actos manipuladores del líder, que los incitaba a organizarse y que fue otorgando diferentes concesiones a los trabajadores, es decir existía si se quiere, una cierta ¨ingenuidad¨ por parte del movimiento obrero proveniente del ámbito rural para ser manipulado, sin embargo poseía, aunque precaria, una unidad que le permitía de apoyar voluntariamente a Perón por representar una propuesta que concordaba con sus intereses, pero a vez ese apoyo se fue consolidando a partir de una cierta manipulación de Perón, Creo que esta manera de plantear el problema permite no subestimar al movimiento obrero naciente, y a la vez no otorgarle una unidad contundente que el movimiento obrero no poseía para depositar por madurez y plena racionalidad su apoyo a Perón. En parte fue manipulado mediante actos demagógicos, pero no totalmente, si no que también existía una cuota de apoyo limpio de coerción o manipulación que el movimiento obrero quería dar a Perón de propia voluntad.
Durante la etapa de gobiernos de Perón el movimiento obrero vio como el estado los colmaba de beneficios y estimulaba su organización. El estado adopto por una lado, una política de tinte populista, y por otro el intervencionismo en la cuestión sindical, política que ya había sido puesta en practica durante la etapa de la restauración conservadora. Sin embargo la intervención del estado peronista fue de un nivel altamente superior a la de ese periodo. El estado estaba decidido a ejercer presión y controlar la acción de los sindicatos. Por su parte el movimiento obrero encontraba en el estado una especie de aliado, y lejos de considerarlo algo ajeno, por el contrario, debido a la tendencia estatal de progresiva incorporación o mejor dicho absorción de los sindicatos al mismo estado y la política populista que los beneficiaba, lo veían como algo familiar.
Si bien el estado ejerció un fuerte control sobre el movimiento sindical, estos nunca dejaron de ser la expresión social y política de los trabajadores. Pero sin ninguna duda el movimiento sindical perdió gran parte de su autonomía, una diferencia fundamental en relación al movimiento sindical en la etapa de la década del 30.
La incitación por parte del estado peronista, para que los trabajares se organicen, me remite a la idea del estado vinculándose con cada uno de los sectores de la sociedad, a la cual se consideraba como una comunidad y no como la suma de individuos, y se aspiraba a que cada uno de ellos se organizara y constituyera su representación corporativa, la idea mas bien parecía importada de Europa, mas exactamente del estado corporativo italiano.
La captación de los dirigentes sindicales de antecedentes socialistas y sindicalistas por medio del estado peronista y su correspondiente apoyo al proyecto de Perón pudo lograrse por medio del cambio de status que experimentaron. Cansados de golpear las puertas de las antesalas oficiales durante el período conservador, se vieron, de pronto, ante un gobierno que atendía sus reclamos y que tenía una política programática que les permitía un alto grado de flexibilidad. El dirigente gremial dejo de ser un individuo con imagen negativa, para estar involucrado directamente en la decisiones o al menos estar presentes en el momento que estas eran discutidas.
A partir de 1949, la ligazón política que unía a la C.G.T. con el gobierno, se hizo cada vez más estrecha, pasando a formar parte, como rama sindical, del ya constituido Partido Peronista.
Sin embargo ciertos hechos demuestran que los grupos sindicales no perdieron totalmente su autonomía y su capacidad de protesta. En el período 1949/1951, las huelgas bancarias y ferroviarias, fueron realizadas por comisiones internas que escaparon al control de las autoridades gremiales, que se vieron impotentes frente a tales manifestaciones. Estos hechos demuestran mas allá de la relación estrecha que unía al movimiento sindical con el estado, la vigencia de la movilización de los trabajadores en reclamo de sus derechos. Como he mencionado antes los sindicatos pese a la presión y control del estado no dejaron de ser la máxima expresión de los trabajadores, los sindicatos no se acostumbraron lisa y llanamente ( aunque esto sucedía con excesiva frecuencia) a que las conquistas conseguidas fueran dadas solamente dadivosamente desde el estado.
Sin embargo ya que en los últimos años del segundo gobierno de Peron, se experimentó una mayor absorción e integración de los sindicatos al estado, era de esperar que se produjese una creciente desmovilización del movimiento obrero, que le restaría efectividad en la pelea de conflictos.
Ya para esos años el movimiento obrero parecía estar semi- dormido y perdió capacidad combativa aunque esto no signifique que no continuaran siendo beneficiados, sin embargo el problema era la falta de autonomia para con el estado.
El movimiento obrero comenzaría a despertarse luego de la caída de Perón en 1955 aunque con mecanismo de acción muy diferentes a los practicados en la etapa peronista debido a la situación de cuasi clandestinidad a que pasaron devino a la persecución del estado.
La etapa que comienza en 1955, tenia entre unas de sus máximas aspiraciones la ¨desperonizacion¨ de la sociedad, y claramente unos de los sectores sociales mas estrechamente vinculados con el estado peronista eran los sindicatos, era lógico que hacia ellos se implementara una política de persecución y represión que tuviera poco a poco como resultado la perdida de fuerza de los sindicatos y si era posible su erradicación casi total.
De modo que el movimiento obrero y sindical pasaba de estar prácticamente fusionado con el estado, de recibir innumerables beneficios, y sentirse incluido dentro de la toma de decisiones a ser marginado y perseguido, obligándolo por lo menos durante los primeros años posteriores al derrocamiento de Perón, a limitar su accionar, a golpear al estado en forma de por ejemplo sabotaje, para enseguida negociar, ya que no podían plantear una lucha frontal.
El sector popular y especialmente la clase obrera, que se había expresado a través del peronismo, quedó privado de toda representación tanto en las instituciones parlamentarias semidemocráticas, como en la maquinaria institucional del estado; y su presión se redujo a la capacidad de desestabilizar, desde afuera del escenario político oficial, a esto me remitía con el cambio de su accionar en comparación con la etapa peronista.
Pero esta política hacia el sindicalismo, por parte del estado no solamente responde al rechazo hacia el peronismo que estaba instalado, si no que refiere además a mi juicio a términos mas generales. Quiero decir con esto que el nuevo proyecto económico de tinte liberal, y la idea de una transformación económica hacia coincidir las voces dentro del empresariado respecto a que para realizar esa transformación, había que modificar el status logrado por los trabajadores durante la etapa peronista. De manera que para tal fin era necesario disminuir drásticamente el poder de los sindicatos, y también variar las conquistas que los trabajadores habían alcanzado durante la etapa peronista en perdida de beneficios para los empresarios aunque algunos se hallan beneficiado con la política de amparo y protección estatal de la etapa peronista. Pero esta tarea no era sencilla. El movimiento obrero se hallaba bien definido con una clara identidad social y política.
De manera que el estado se encontraba ante un grave problema que lo acompaño toda la etapa desde la revolucion del 55, para la transformación económica era necesario la máxima perdida de fuerza posible de los sindicatos.


Con la llegada de Frondizi al poder en 1958 que gobernara hasta 1962, se plantea en primera instancia un cierto cambio en la política hacia el movimiento obrero. Hay que tener en cuenta que había llegado al poder luego de un acuerdo de apoyo electoral del propio Perón, de manera que existía una espacie de deuda con aquellos sectores que le habían definitivamente permitido acceder al gobierno, tras el apoyo de Perón, es decir la clase trabajadora y el movimiento obrero, la cual seguía como los hechos lo demuestras respondiendo a su ¨ líder ¨.
Frondizia tenia en mente renovar los acuerdos, de tinte peronista, entre empresarios y trabajadores, una especie de la vieja armonía de clases, e incitaba a abandonar las luchas entre ellos, y disfrutar juntos de los beneficios del desarrollo económico financiado por el capital extranjero. Por todo este razonamiento de Frondizi la primera etapa marcara un principio de acercamiento y disminución de la hostilidad por parte del estado hacia el movimiento obrero. Sin embargo esto se modificaría con el cambio de rumbo económico a partir de 1959 (aunque ya había dado sus primeros pasos en 1958), que paso de ser un modelo de desarrollo industrial para trasformarse en totalmente en liberal. Se implemento entonces un plan de estabilización, que incluía congelamiento de salarios, todo esto derivo en la destrucción de la ilusión integracionista, y volvió a colocar en escena el problema sindical de la etapa anterior a Frondizi, ya que la protesta sindical retomo fuerza, y el gobierno dejo de lado su política inicial de conciliación con el movimiento obrero, y opto por la intervención de los sindicatos y la utilización del ejercito para reprimir.
Los primeros años posteriores al derrocamiento de Perón plantean algo que me parece interesante resaltar. El hecho que los líderes sindicales del peronismo se vieron obligados a desarrollaron una aptitud que habían carecido hasta 1955; la capacidad de negociar con actores políticos no peronistas , tales como los partidos, las asociaciones empresariales y los militares.
Por otra parte algo importante es que tras la caída de Perón, el movimiento sindical logro cierta independencia de su líder, y desarrollo políticas propias, ya que no contaban con la protección de Perón, si bien nunca dejaron de mirarlo como su líder, fueron obteniendo cierta autonomía para manejarse en la relación con el estado, que lo excluía y reprimía, excluyendo el breve intento conciliador de Frondizi antes de girar su política hacia el movimiento obrero.
Sin embargo, a pesar de los diferentes intentos de sucesivos gobiernos tras la caída de Perón, y la salida de Frondizi del poder el 1962, periodo que estamos tratando, podría decirse que no se logro el propósito intentado por los diferentes gobiernos sobre todo antes de Frondizi, donde la actitud era mucho mas anti-peronista y por consiguiente de rechazo hacia el sindicalismo y el movimiento obrero impregnado del mismo. El propósito al que me refiero es la idea de desperonizar la sociedad, y claramente al sindicalismo que tan estrechamente ligado había estado al peronismo, el intento fue fallido, tanto en este aspecto, como en erradicar el poderío del movimiento obrero y sindical. Durante todo este periodo la lucha fue intensa y el problema de los sindicatos que seguían presionando y desestabilizando no desapareció, al contrario pareció ir en aumento, la llamada ¨ resistencia peronista ¨ fue un grave problema que tuvo que enfrentar el estado durante todo esta etapa.

POR GONZALO MANUEL POLAROLO.

martes, 26 de junio de 2007

EL DON QUIJOTE DE LA PATAGONIA



Como reemplazando molinos de viento por ideologías que cree contemporáneas, ahí va el presidente K luchando contra un ¨enemigo¨ inventado no tan inocentemente. El rédito político de la polarizacion forzada parece para el pingüino ahora preocupado por el horizonte brumoso de octubre, mas importante que actualizarse y reconocer que no nos encontramos ni en los 70, ni en los 90.
Ahora aparece Octubre. Hasta hace poco tiempo le parecía como un gran carrusel que el pueblo seguiría girando, permitiéndole una vuelta mas de yapa que duraría 4 años. Hoy mas bien parece una calesita de barrio que progresivamente va perdiendo velocidad y ni el dueño sabe como evitar que se frene definitivamente. Y allí esta entonces el quijote de la patagonia, parado frente al atril de casa de gobierno cual caballo de su calesita, elevando la sortija en la mano que vence en Octubre, inventándose enemigos con ideologías del siglo pasado, colocando bombas discursivas aquí y allá, que en su pasado acostumbraban ser molotov.
Desesperado, a veces quiere ser reemplazado en su caballo por la reina de botoxlandia, pero aun esta indeciso, tal vez entre el cambio, se le caiga la sortija.

POR GONZALO MANUEL POLAROLO.